WBE recuerda a Beto en el aniversario de su muerte
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Weber Bahía Estudiantes recuerda al legendario Alberto Pedro Cabrera, el Mago del básquetbol, en el undécimo aniversario de su fallecimiento.

Cabrera, quien murió el pasado 13 de agosto de 2000 víctima de leucemia, fue el ícono deportivo por excelencia de la ciudad durante casi dos décadas, simbolizando la excelencia dentro y fuera de la cancha.

Mandrake, apodo que tenía por su habilidad con el balón, fue un base de extraordinaria capacidad, ejemplar en su comportamiento, que llevó a Bahía Blanca a los planos más altos en la década del 60 y 70, siendo eje crucial del crecimiento del mote de Bahía como "Capital Nacional del básquetbol".

Cabrera nació el 7 de diciembre de 1946. Nunca fue un jugador de un gran poderío físico, pero sus excelentes recursos técnicos le sirvieron para contrarrestar cualquier tipo de debilidad ante sus adversarios.

Comenzó a jugar a la edad de 7 años en el Club Estudiantes y debutó en primera división el 30 de noviembre de 1961.

Más de dos décadas después, exactamente el 16 de enero de 1984, Cabrera cerró su carrera, dejando atrás una veintena de títulos, entre los que destacan los campeonatos oficiales de 1965, 1970, 1974, 1975, 1982 y 1983.

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"Decíamos que éramos rivales porque jugábamos en equipos distintos, pero nos considerábamos amigos y siempre sentí como propios los premios que él recibió. Durante mucho tiempo se creó una rivalidad y discutían quién era mejor de los dos. Era un honor que me compararan con Cabrera: él era un exquisito y yo un entusiasta. Era un jugador extraordinario y por eso será recordado siempre como un grande", comentó Atilio Fruet, símbolo de Olimpo y amigo de Mandrake, al diario Clarín.

Además de jugar en Estudiantes, su club de formación y el que llevó en el corazón a lo largo de toda su vida, Cabrera también vistió la camiseta de Olimpo y la de Gimnasia y Esgrima de La Plata.

Cabrera, quien recibió tres Olimpias de Plata (1970, 1973 y 1974), fue distinguido en su ciudad, en 1999, con el premio de "Deportista del Siglo".

Junto a Fruet y José De Lizaso formó parte de un triángulo equilátero que llevó a la selección de provincia de Buenos Aires (cuando los argentinos eran los campeonatos célebres a seguir) a ganar nueve títulos, convirtiéndose en el jugador más ganador de la historia en esta clase de torneos.

Debutó en la selección argentina con 20 años, en 1966, en el Mundial Extra de Chile. A partir de allí, la camiseta albiceleste se convertiría en su propiedad en el puesto de base, al jugar los Mundiales de 1967 y 1974, los Juegos Panamericanos de 1971 y los Sudamericanos de 1969, 1971 y 1973.

En 1974 se retiró de la selección, pero regresó en el Sudamericano de 1979, en Bahía Blanca, consagrándose campeón ante su gente. Con la selección nacional jugó 51 partidos en torneos oficiales y anotó 679 puntos, con un promedio de 13.3 por juego.

Tuvo dos experiencias como entrenador de Estudiantes en la temporada 89 y la 95-96, sumando 17 victorias y 20 derrotas.

Sin dudas, el adiós a Beto nunca termina de cerrarse: un grande dentro y fuera de la cancha que merece ser recordado por todos los habitantes de la ciudad como uno de los precursores de la armada dorada comandada por Pepe Sánchez, Alejandro Montecchia y Manu Ginóbili.

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