Bahienses: ir por Cabrera, volver por Fruet
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Por Enrique Nocent

En 2000 se creó una llamada Comisión de Honor a la que le impusieron la tarea de elaborar una idea que eternizara la figura de Alberto Pedro Cabrera, poco después de su fallecimiento.

Me tocó integrarla en representación del Círculo de Periodistas Deportivos, junto con los entonces concejales Carlos Lemos y Oscar Temporelli, más el titular de la Asociación Bahiense de Básquetbol Adolfo Lista, el árbitro internacional Rodolfo Gómez, el ex presidente de Estudiantes Néstor Ustares, el amigo personal Hugo Cappella y el rival-compañero Atilio Fruet.

En una de las oficinas del anterior recinto del Concejo Deliberante, ahí encima del Mercado Municipal, nos reunimos en varias oportunidades tratando de afinar el lápiz.

Teníamos, sentíamos, la "obligación" de encontrar algo grandioso, acorde con la estatura del homenajeado.

Costó ponernos de acuerdo. Pero, finalmente, convinimos en que lo más apropiado era poner su nombre a la avenida de Penetración, por entonces erróneamente llamada Sarmiento.

Claro, previo hubo una votación entre nosotros.

Un instante antes, sentí un leve codazo. Fruet, a mi lado, quería decirme algo. Me susurró:

--Che, "Quique", ¿qué te parece si proponemos que sea una sola mano, así queda la otra para mí?

En ese momento no supe si lo decía en serio.

Ahora, tras la videoentrevista que el colega Maximiliano Palou le hizo para lanueva.com, no tengo dudas. Es lo que "Lito" anhela.

Confieso que, en principio, me chocó un poco. Pero a poco que fui reflexionando me convencí de que la idea contiene una lógica irrefutable.

Veamos.

Dos calles (Estudiantes-Olimpo) y dos carriles, pero paralelos. Y juntos. Como juntos transitaron los momentos de mayor gloria con la casaca de Bahía, de Provincia y de la Argentina, donde "Lito" le cedió la capitanía a "Beto", a quien consideró su relevo natural.

Dos formas de ser, pero que se acoplaban hasta fusionarse. Uno era el brazo que orientaba (Cabrera), el otro el que ejecutaba (Fruet): como si nacieran de un mismo cuerpo. Cerebro y espíritu se unían para llegar al objetivo trazado.

Dos adversarios. No sólo los separaban los colores --albo por un lado, aurinegro por el otro-- y sus simpatizantes, sino la ciudad toda que tomaba partido por uno y otro bando. Fueron ejes de un clásico irreconciliable. Y, sin embargo...

Pese a que los tironeaban en una y otra dirección y los empujaban para entablar una rivalidad que excediera el marco deportivo, nunca, jamás, dejaron de valorarse. Y de respetarse.

Podría continuar. No hace falta.

Me queda claro que merecen seguir juntos en el devenir de los tiempos. De modo que adhiero a la cruzada que lanzó ayer en estas páginas mi colega Abel Escudero Zadrayec, para que Fruet y Cabrera compartan la avenida. Adhiero con total convicción.

FUENTE: Diario La Nueva Provincia

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