Los sueños del cordobés de 20 años que fue elegido por Brooklyn Nets en un draft
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Juan Pablo Vaulet crece y madura en Bahía Basket sin precipitar su llegada a la NBA; "Mis amigos me dicen que LeBron y Curry me harán un nudo", dice.

Por Diego Morini | canchallena.com

BAHÍA BLANCA.- Los brazos largos y los hombros anchos lo muestran diferente. Ahora bien: si se lo mira con atención y se le quita la atención a esas extremidades típicas de un basquetbolista, cualquiera podría decir que es un chico alto y no más que eso. Porque camina como cualquiera, sonríe con timidez como un pibe sin el aura de la fama y hasta se lo nota incómodo cuando recibe algún halago. Nada tiene que ver con lo que se supone es un jugador drafteado en la NBA: Brooklyn Nets ofreció a Charlotte Hornets dos puestos en la siguiente lotería de debutantes del campeonato estadounidense y unos 900.000 dólares para quedarse con sus servicios. Juan Pablo Vaulet, alero de 20 años y 1,98m, tiene tanto talento como humildad. Vuela tan alto cuando se enfrenta con el aro como lo hacen sus ojos cuando le hablan del planeta de LeBron James, Stephen Curry y Emanuel Ginóbili. Y es tan centrado que impacta desde que abre la boca: "Acá nos dicen siempre que somos chicos y que no somos mejores que nadie. Sólo nos piden que seamos intensos y que le pongamos energía a todo lo que hacemos".

El acento lo muestra como un extranjero en Weber Bahía Basket. Cordobés hasta las muelas, Vaulet comenzó a picar el balón en Parque Vélez Sarsfield, siguió en Unión Eléctrica y en General Paz Juniors, y en Hindú terminó de formarse para dar el paso a la Liga Nacional: Libertad, de Sunchales, fue el primero que le abrió las puertas. Juan Ignacio Sánchez fue a buscarlo cuando una lesión que sufrió en el pie izquierdo jugando para el seleccionado Sub 19 lo tuvo fuera de servicio. Pepe le ofreció la organización que él preside porque en Sunchales las cosas no salían bien. Vaulet lo aceptó y desde la temporada 2014/2015 está en lo que él considera una casa de enseñanza permanente: Bahía Basket. Allí todo le resultó casi perfecto: lo eligió Pepe Sánchez, su entrenador es un Ginóbili (Sebastián) y uno de sus asistentes es Alejandro Montecchia. En la temporada que concluyó hace una semana conoció el sabor de llegar a la final de la Conferencia Sur de la Liga, y fue una de las figuras del conjunto, con 9,7 puntos y 5 rebotes de promedio. "Todo el tiempo estoy aprendiendo. Es el mejor lugar para lo que está pasándome. Todos me ayudan a tener los pies sobre la tierra", se complace.

-¿Cómo se evita pensar en la NBA?

-Es difícil, pero también entiendo que estoy en una etapa en la que tengo que escuchar mucho. Todas las cosas van a darse en los momentos en que tengan que darse. Tengo que disfrutar del proceso.

-¿Cuánto estás trabajando física y mentalmente?

-En los últimos tres años, estuve casi uno y medio prácticamente sin jugar. Nunca con lesiones graves, pero sí con cosas que me tuvieron mucho tiempo fuera de la cancha. El factor psicológico juega un papel determinante. No sólo uno tiene que volver a recuperarse físicamente, sino que tiene que trabajar la cabeza, sentirse nuevamente confiado. Hay que saber encontrar la paciencia. Con saber qué es lo que uno quiere se puede alcanzar los objetivos.

-¿Es verdad que hay días en los que te entrenás de más?

-Me pongo ansioso. Por ahí quiero siempre hacer todo rápido y bien. Eso me lleva a pasarme un poco de vuelta. Sé que no es bueno eso.

-¿Quiénes te ayudan a bajar las revoluciones?

-Mis amigos y mi familia. Acá, en Bahía Basket, lo mejor que tienen es que siempre dicen la verdad, sin dar vueltas. En mi casa, en Córdoba, encuentro ese tipo de ayuda. Pepe [Sánchez] está constantemente dándonos consejos a todos los chicos.

-¿Qué implica que te digan la verdad?

-Que me hagan ver que todavía soy un jugador joven y que estoy en una etapa de aprendizaje. Que tuve varios problemas de lesiones y que esos fueron obstáculos por superar. En Bahía Basket me enseñan cosas no sólo en la cancha, sino que dejan enseñanzas sobre la vida. Tanto Pepe, como Sepo [Ginóbili, el entrenador] y el Puma [Montecchia] nos guían por el mundo del profesionalismo. Nos dicen que no sólo hay que venir, entrenarse y jugar; nos hacen ver que hay cosas por fuera de la cancha que hacen a la formación del jugador de básquet. No tengo que apresurarme, porque lo único que pasaría con eso sería que me volvería loco y me equivocaría más de la cuenta.

-Por como hablás, da la impresión de que acá, en Bahía, hay un espíritu muy familiar.

-Siento que el entorno es ideal para cualquiera. Hay gente en todos los detalles. Es como una familia. Todos están buscando cosas nuevas para que la organización funcione. Eso nos motiva a querer competir siempre. Estamos en una edad en la que nos equivocamos, pero desde eso vamos a poder evolucionar como profesionales.

-¿Qué tenés que pulir en tu juego?

-Lo principal es el tiro de tres puntos [23,9% de eficacia en la temporada], el juego de pick and roll y mi físico. Estoy concentrado en esas cuestiones para superarme en cada entrenamiento y ayudar más al equipo en cada partido.

-¿Tenés contacto fluido con Brooklyn Nets?

-Cuando me operé un tobillo en Estados Unidos, estuve mucho en contacto con la franquicia por el tema de mi recuperación. Pero una vez que me recuperé el contacto fue disminuyendo. Tengo entendido que sigue a todos sus jugadores, pero la verdad es que no me habló en los últimos meses.

-¿La franquicia te sugirió algún camino por seguir? Por ejemplo, primero ir a Europa antes de desembarcar en la NBA.

-La verdad es que no me dijeron nada. Pero yo tampoco lo pienso mucho. Porque sé que no es bueno tener la cabeza en otro lado cuando estoy jugando en Bahía. Por eso me meto en el día por día y en mejorar como jugador. Ya va a llegar el momento de evaluar esas cosas.

-Decís que evitás pensar en la NBA, pero seguramente hay momentos en los que resulta imposible no hacerlo. ¿Te imaginaste defendiendo o atacando contra alguien?

-Veo los partidos y no voy a mentir que pienso en esas cosas. Veo a Curry, a LeBron, lo ví a Kobe, y es raro lo que me pasa. Mis amigos por ahí me cargan con esas cosas. Y todavía es como si no lo creyera mucho. Mis amigos me dicen "imaginá cuando defiendas contra LeBron o Curry". Me cargan y me dicen que cuando me agarren me harán un nudo. Me divierto y me da gracia, sin dudas. Pero mucho no me gustan que me carguen con esas cosas. No porque no acepte las bromas, sino para mantener la calma y no poner mi cabeza en lugares que, por ahora, no corresponden.

-¿Pudiste hablar de algo con Manu [Ginóbili]?

-Con él hablé cuando salí drafteado. Me felicitó y me dijo que tratara de estar tranquilo. Yo justo estaba en el Mundial Sub 19 y con el tema de mi lesión. Manu me recalcó que no me volviera loco y me dijo que todo lo que me propusiera hacer fuera por mí y no por los demás. Y que me preocupara por mejorar como jugador.

-¿Cómo te llevás con el asunto de la alimentación?

-Es un tema algo delicado. Cambié un poco la forma de alimentarme, pero como existen tantas filosofías acerca de cómo hay que cuidarse con las comidas en la alta competencia que uno se vuelve loco. Me dieron dietas y probé varias, pero en realidad como lo que sé me hace bien. Me vuelven loco con la cantidad de sugerencias.

-¿A quién escuchás mucho?

-Principalmente a Pepe. Está atento a todo lo que hacemos. En toda situación que debemos resolver él nos aporta su punto de vista. También escucho mucho a Sepo y al Puma. Y con mi mamá y mi papá hablo mucho, pero hay cosas que no puedo tratar por completo con ellos porque nunca fueron jugadores profesionales y no las comprenden.

-¿Tenés un modelo de jugador o admirás a algunos?

-En la NBA siempre miré a Kobe y a LeBron. Me impactaron porque son dominantes. Ése es el estilo de jugador que me encanta. Y en la Argentina mi gran ídolo es Manu. Es mi espejo.

"Son chicos con deseos de ser mejores"

A Sebastián Ginóbili, el DT, le gusta la idea del desarrollo de los jóvenes

BAHÍA BLANCA.- A unos 20 minutos del centro de la ciudad, la organización Weber Bahía Basket tiene su lugar. Durante la temporada, el equipo trabaja allí todos los días. El desarrollo de talentos es el objetivo de este modelo de gestión. Y el resultado de ese proyecto tuvo sustento en la clasificación para los playoffs de la Liga Nacional con jugadores como Santiago Vaulet (18 años), Facundo Corvalán (18), Máximo Fjellerup (19), Martín Fernández (19), Juan Pablo Vaulet (20), Francisco Filippa (21), Ariel Ramos (21), Gastón Whelan (22) y Lucio Redivo (22).

Era una empresa delicada, pero con Sebastián Ginóbili como entrenador encontró forma y va dando sus frutos. "Me gustó mucho la idea cuando me la ofrecieron, porque lo que hablamos con Pepe [Sánchez] fue pensar en el desarrollo de los jóvenes para hacer mejor al equipo. Fuimos incorporando jugadores chicos con deseos de ser mejores. Entonces, para nosotros, como cuerpo técnico, fue más fácil la tarea por el esfuerzo y las ganas de competir que estos chicos tenían incorporados. No siempre salieron bien las cosas; los años anteriores nos costaron más. Pero el trabajo a largo plazo y estar convencidos de la idea permitieron que las cosas se dieran satisfactoriamente", manifiesta el preparador del subcampeón de la Conferencia Sur de la Liga Nacional.

La evolución de varios de los chicos se vio en la temporada que pasó y Sepo entiende que eso obedece a la maduración de cada uno. Dentro de ese universo se encuentra Juan Pablo Vaulet, un desafío especial para Sebastián Ginóbili y su cuerpo técnico. "Traía un problema en un tobillo que no lo dejaba sentirse seguro. Cuando encontró la estabilidad física y emocional, se transformó en este proyecto de jugador enorme que estamos viendo. De todas maneras, creo que todavía no vimos al mejor Vaulet. Hay mucho por desarrollar en él. Cuando vaya confiando más en su cuerpo va a sentirse más seguro y nos va dar muchísimas cosas en el equipo", cuenta el DT.

Y continúa: "Es un pibe que se entrena permanentemente y más allá de los horarios en que los citamos. Y eso es importante; no hay muchos chicos que hagan eso. Tiene la llave del gimnasio, viene solo con la pelota. También tiene la de la sala de musculación; hasta lo hemos encontrado allí trabajando fuera de la práctica. Ahora ya no, pero hubo momentos en los que exigía el tobillo más que lo que debía. Hoy es un jugador que está todo el tiempo pensando en el básquetbol. Tiene objetivos muy altos y eso es muy bueno, porque eso nos exige a trabajar más sobre su crecimiento, nos empuja a darle más herramientas para que se supere. Para nosotros, como cuerpo técnico, esas cosas tienen un valor incalculable".

dm/gs

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