Santiago Vaulet: “Me da impresión”, dijo sobre su lesión
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Acompañó al equipo en el viaje. Está bien y cuidado. “Lo tengo asumido”, dijo.

Por Fernando Rodríguez / ferodriguez@lanueva

Enviado a Buenos Aires

Tres camas. Un desayuno completo –a medio terminar- sobre una de las dos mesitas de luz. Bolsos en el piso. Un par de muletas y el mate que hace correr Gastón Whelan, el “líder” entre las cuatro paredes que comparte junto a Lucio Redivo y Santiago Vaulet. Similar a una habitación de viaje de egresados. Con un detalle: a uno hay que atenderlo.

“Lucio me ayudó a bañarme y con Gasti me trajeron el desayuno”, destacó Santi.

A pesar de tener una pierna inmovilizada con una férula y de estar limitado en sus movimientos, el cordobés eligió concentrar junto a sus compañeros, aprovechando, también, que debe hacer una consulta médica en esta ciudad.

El martes, a un minuto del final del primer partido de la serie, sufrió rotura del ligamento cruzado anterior, del ligamento lateral externo y del menisco externo de la pierna izquierda.

Recién el sábado se animó a ver una y otra vez el momento de la lesión.

“Me da impresión”, dijo.

Necesitará, de mínima, unos 8 meses de recuperación.

“Lo primero que se me pasó por la cabeza –recordó- fue lo que me perdía ahora con la Liga”.

-¿Qué pasó en la jugada? Entraste con el paso cambiado.

-Claro, eso. Entré con el paso cambiado, tiré la bandeja, (Marcos) Mata a penas me tocó y caí, apoyando con la parte de afuera del pie. Se me venció.

-¿En el mismo momento advertiste la gravedad?

-Sí, cuando caí, vi lo que tenía y sentí mucho dolor.

-¿Se te vino a la cabeza la lesión que sufrió tu hermano a tu edad?

-Son historias distintas. Estoy tranquilo. Tanto mi familia como yo confiamos mucho en Pepe (Sánchez). Sé que en Bahía van a cuidarme. En cambio a él (en Sunchales) lo curaron mal.

-¿Guardaste las cartulinas con los mensajes que te escribió el público que fue al Casanova?

-Sí. Me puso muy contento.

Santi estaba en un muy buen momento. Había superado el nerviosismo ante la posibilidad de saltar a la cancha, por el deseo de que Sepo Ginóbili lo llamara para jugar.

“Estaba confiado”, reconoció.

Su ánimo mejoró.

“Los primeros días –recordó- estaba muy bajoneado. Después, entendí que son situaciones que pueden suceder. Lo tengo asumido”.

Lógicamente, ahora tendrá más tiempo libre. A mitad de año finalizó la secundaria en Córdoba –cursaba libre-, hizo el viaje de fin de curso y se radicó en Bahía, donde ya se inscribió para seguir la carrera de contador público, como su mamá.

“La idea es ocupar el tiempo más allá del deporte. Un día sucede algo como ahora y ¿qué hago?”, asumió.

Mientras tanto, pasa las horas leyendo “Los juegos del hambre”, algo que parece no haber perdido.

“Si mañana tuviera que salir a la cancha lo haría –enfatizó-. No sentiría miedo a saltar”.

Definitivamente, este pibe de 18 años, no sólo es fuerte adentro de la cancha.

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