Alejandro Montecchia: “Siempre creímos en nosotros”
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A 11 años del logro más importante para el básquetbol argentino, Alejandro Montecchia recordó lo vivido en los Juegos Olímpicos de Atenas 2004.

“Estas fechas son especiales. En realidad todo el mes porque se vienen un montón de recuerdos a la cabeza de lo que fue ese juego olímpico que, a todos nosotros, de cierta manera nos cambió la vida. No en lo material, sino en lo sentimental, en lo humano”, remarcó.

En un mano a mano con el departamento de prensa de Bahía Basket, el Puma recuerda como fue ese torneo y destaca la química que tuvo ese equipo para lograr la medalla.

¿Qué sensaciones te recorren al recordar aquel logro conseguido?
-Estas fechas son especiales. En realidad todo el mes porque se vienen un montón de recuerdos a la cabeza de lo que fue ese juego olímpico que, a todos nosotros, de cierta manera nos cambió la vida. No en lo material, sino en lo sentimental, en lo humano. Se terminó de crear una química de un equipo que trabajo muy duro para conseguir ese gran objetivo que fue la medalla de oro.

¿Cuál fue el cambio? ¿En qué aspecto maduró el equipo para pasar de una derrota en 2002 en la final del mundo, de malos resultados en la gira previa a ese JJ.OO, a conseguir semejante logro?
-Creo que la mentalidad que tuvo el grupo. A pesar de que la final de Indianápolis fue un golpe muy duro y que, tal vez, todos pensamos que no íbamos a tener otra chance de poder estar en una final de un torneo tan importante, siempre creímos en nosotros y trabajamos duro para conseguir el objetivo primordial que era conseguir una medalla. Si nosotros no volvíamos con ese premio iba a ser una frustración muy grande.
Ganar la semifinal sobre Estados Unidos fue conseguir ese objetivo que nos habíamos planteado, pero estando ahí, en otra final de un torneo importante, nos prometimos no volver a perder.

Sacando que había cumplido el objetivo de la medalla, ¿Disfrutaste más la victoria sobre EE.UU o el sabor a revancha con Serbia?
-Realmente disfrutamos más el partido contra Estados Unidos porque sabíamos que teníamos medalla. Por supuesto. Era el objetivo, a lo que aspirábamos y era histórico porque era la primera medalla olímpica para el básquetbol argentino.
Ganarle a Serbia tuvo su disfrute, más por cómo se definió el juego, pero fue el primer partido y el objetivo todavía estaba lejos.

Sabiendo que para el equipo no era positivo perder a Palladino y Victoriano, ¿cuánto sumó la llegada de Delfino y Hermann al selecionado?
-En realidad fue bastante difícil asimilar la salida de dos jugadores porque eran históricos de ese grupo. Eran dos personas que realmente hacían muy bien al grupo, no solo por su talento y su capacidad dentro del campo. Sino también aportaban mucho afuera por la convivencia.
Walter y Carlos venían empujando muy fuerte, progresando a pasos muy grandes en su juego. Ellos se sumaron de la mejor manera y los aceptamos como los jugadores jóvenes que tenían que estar para darnos una mano y, en el momento que les tocara jugar, resolver situaciones difíciles como les tocó en los juegos olímpicos.
Es obvio que Walter tuvo más protagonismo que Carlos. Cuando más lo necesitamos, Hermann salió al paso contra Grecia, nos insertó en el juego y contra EEUU también tuvo su injerencia.

Trasladando este logro a la historia bahiense, ¿crees que ese torneo gestó la segunda trilogía luego de Cabrera, Fruet y De Lizaso?
-He visto comparaciones y fotos comparando distintos momentos de ese trío histórico que tiene la ciudad. Para mí es algo muy fuerte y realmente me da un poco de vergüenza.
Yo, a ese trío siempre lo idolatré y tuve la suerte de ver jugar a Cabrera. Uno de chico por supuesto que quería llegar a hacer lo que hicieron ellos. Y que, en este momento, te comparen con ellos es un orgullo muy grande.

Imagino que no viviste de la misma manera este recuerdo en 2007 que como lo ves hoy, ¿puede ser que con el paso de los años este logro sea mucho más grande?
-Con el tiempo te va pegando cada vez más fuerte lo que se consiguió. En su momento fue todo con mucho vértigo. Creo que no tomamos real conciencia en aquel momento de lo que habíamos conseguido y lo difícil que es conseguir una medalla olímpica. Entonces el tiempo te va dando ese baño de realidad y te hace pensar realmente lo complicado que fue y que, tal vez, no se vuelva a repetir.
Por supuesto que en Beijing 2008 se consiguió la de bronce. Pero ganar un oro olímpico en básquetbol va a ser muy difícil de igualar.

¿Dónde crees que estuvo el factor humano para considerar este proceso como “Generación Dorada”?
-Siempre digo que nunca volví a estar en un equipo como ese. No solo por lo bien que llegamos a jugar y por el entendimiento dentro de la cancha, sino por la convivencia y la relación que teníamos todos fuera de la cancha.
Fue un conjunto de cosas que creó esa generación y la mentalidad y trabajo que se tuvo fue guiado por un entrenador que nos metió en la cabeza que trabajando duro se podía. Todos seguimos ese hambre de conseguir cosas importantes para la selección y para ese grupo.
Realmente disfrutábamos de estar juntos, entrenar juntos y de pasar ese período luego de estar en nuestros equipos y dejar a la familia para jugar por la selección.


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