Bahía Basket les abrió la puerta a los chicos para que salgan a jugar
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Por Fernando Rodríguez/La Nueva

Imponiendo una filosofía y respetando la idea, el equipo se fue depurando durante la temporada 2014-15. El dolor tras el golpe de la eliminación se mezcla con el orgullo de un proceso en crecimiento.

Mirando hacia atrás es inevitable ver, aún hoy, a Alejandro Diez convirtiendo el libre de la victoria para Peñarol, el mismo que significó la eliminación de Bahía Basket. Ahora bien, antes de ese lanzamiento hubo una temporada, con buenos y malos momentos, con festejos y lamentos, con pruebas y errores.

Todo eso, puesto sobre la mesa, con el pasar de los días será motivo de balance por parte de la dirigencia que, a modo de adelanto, el borrador indica que tuvo saldo positivo.

La conformación del plantel -dentro de la ecuación presupuesto-calidad-, se diagramó a partir de las confirmaciones de Gerbaudo, Rasio, Mázzaro, Nocedal, Cantón y Eslava, todos, llamados a apuntalar a los jóvenes.

En este grupo la dupla Gerbaudo-Rasio necesariamente debía cargar con el liderazgo. No obstante, el base, por limitaciones físicas y sucesivas lesiones, no logró regularidad, más allá que tuvo varios finales positivos. Mientras que Rasio mostró altibajos, por encima de lo que sugieren sus números globales.

Esto, de alguna manera alteró la estructura. Y la idea original fue cambiando.

La auspiciosa Liga de Desarrollo sumó para que los chicos ganen rodaje y pongan en práctica el trabajo diario, acelerando la inclusión de quienes habían comenzado la temporada poco menos que como decorado.

Las posibilidades, claro está, tuvieron directa relación con sus rendimientos y la expectativa que creció entorno a ellos. Así se fueron sucediendo los cortes de los mayores. En definitiva, una buena lectura para corregir el error de las elecciones iniciales.

En la medida que los juveniles empezaron a sumar minutos, el plantel se alargó, inclusive empezó a invertirse el protagonismo y, por peso propio, las fichas mayores empezaron a caer: Nocedal, primero, Mázzaro después y Cantón detrás. Quedó Eslava, aunque terminó sin jugar.

En este planteo, surgieron con mayor protagonismo Redivo, quien confirmó lo que venía insinuando como tirador. Whelan tuvo que cargar con el peso del equipo en numerosas oportunidades por las ausencias de Gerbaudo. Y Vaulet, a medida que se olvidó de la lesión, irrumpió como “el jugador del futuro”.

También, Ariel Ramos, pasó del jugador sparring a saltar a la cancha para darle descanso a los grandes; Máximo Fjellerup, con todo su talento por explotar, sumó una temporada básicamente de entrenamiento y, en la próxima, más afianzado, definitivamente le soltarán soga. Mientras que Martín Fernández mostró una mano importante y capacidad para aprovechar cada minuto en cancha.

Respecto de los extranjeros, Dagoberto Peña no alcanzó a debutar y John Thomas era muy limitado para lo que necesitaba el equipo. Llegó Gaskins y fue asumiendo su rol protagónico como escolta-anotador, aunque vino siendo base, posición en la que prácticamente no jugó y, está claro, no siente.

El conocido Jamaal Levy terminó rindiendo y encajando en un sistema en el que se priorizó versatilidad por centímetros. Y Mariano Byró, que llegó de última, mostró capacidad y contracción para aportar sacrificio defensivo y tiro.

Un párrafo aparte merece Pancho Jasen, quien “volvió a ser jugador” y sumó con la palabra y desde una posición (ala-centro) poco natural, pero que se amoldó mejor a su realidad y la del equipo.

En todo esto, la personalidad del DT Sebastián Ginóbili, haciendo docencia y conjugando paciencia y convencimiento respecto de la filosofía, favoreció para interpretar y desarrollar -junto con el cuerpo técnico- el mensaje que bajó de la dirigencia, con Pepe Sánchez a la cabeza.

En definitiva, los chicos de Bahía Basket se soltaron de la mano y ya caminan solos.

Ahora necesitan de algún grande que los ayude a correr...


Fuente y Foto: La Nueva

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